Carmen y el bolero

Carmen y el bolero

Por: Mauricio Oliver.

            Rusia es un país. Creí necesario ese breviario cultural. En aquellas gélidas tierras viven algunas de las mujeres más bellas del planeta, especialmente en la esquina donde se cruzan las calles de Stalin y Perestroika. Las damas de aquella nación son de tez blanca y rígida, pues están permanentemente congeladas. Cuando entran en calor, como a los tres años de vida, comienzan a bailar ballet. En sus ratos libres se salen a cubrirse el cuerpo con nieve, así congelan su piel y se mantienen bellas hasta la eternidad, que dura hasta que acaba su carrera de bailarinas. Yo prefiero a las mujeres checas, si han de preguntarme, pero mientras no encuentre a alguna por Madero tendré que conformarme con alguna holandesa, cuando la encuentre también.

Todas estas reflexiones surgieron a mi mente gracias a que fui a ver Carmen y el Bolero, por parte del Russian State Ballet. Debo admitir que esa disciplina artística no me encanta. La vestimenta de las mujeres, cuyo nombre he olvidado (es algo así como el plural repetido o tartamudeado de la segunda persona del singular) es matapasiones visuales. Ese vestidito ridículo que evita la visión de la gloria extrema (de extremidades), siempre me ha parecido un fiasco. Mi novia y yo fuimos a ver ese par de clásicos artísticos. Mientras nos debatíamos entre el significado de la palabra intermedio, recordamos que, no hace mucho, fuimos a ver una obra de teatro terrible, llamada La Inocencia, cuyos únicos inocentes éramos los espectadores que no teníamos nada que ver con aquel bodrio. Decidimos salirnos en el intermedio. Así, descubrimos que el intermedio sirve para tres cosas: quedarse sentado a esperar que comience la segunda parte, estirar las piernas, o echarse a correr antes de que empiece el siguiente acto. Le sugerí a mi novia que viéramos Carmen y que huyéramos, como era nuestra costumbre romántica, nuestro momento compartido, en cuanto comenzara el intermedio. Ella sugirió llegar mejor luego del intermedio y ver solamente El Bolero. Como no nos poníamos de acuerdo, decidí que lo mejor era asistir solamente al intermedio y luego irnos.

Pero mi novia tenía muchas ganas de ver el ballet, así que estábamos ahí, y no sólo eso, vimos toda la representación. Antes de que comenzara, una pareja se sentó frente a nosotros. Luego una señora, al parecer dibujante, se sentó delante de ellos. La mujer volteó a sonreír con una mueca que yo describiría como de qué puto miedo. No sé qué hizo la parejita, pero yo me hubiera quedado petrificado en mi silla, arañando los reposabrazos y aullando internamente por el susto.

¿Han escuchado alguna vez esa voz en los teatros y cines que les dice que apaguen sus celulares y que está prohibido tomar fotos y videos? Pues bien, creo que es preciso aclarar un punto: no es una maldita sugerencia, es un imperativo cultural, malditos adictos a las grabaciones y fotografías que nunca más verán, y que borrarán en cuanto vean las heces de su nuevo gatito negro y piensen que se merecen una fotografía.

Ahí tienen, apagan las luces, ¿y qué hacen estos estólidos adictos a la tecnología? Sacar el celular. A pesar de que la voz dijo: “a quien se sorprenda tomando video o fotografía se le confiscará el material grabado o tomado”, ahí van. La voz debería agregar: y a quien no haga caso, se le introducirá su celular por salva sea la parte cual si fuera un supositorio luminoso.

Ahora, volviendo al tema, amo el ballet. No había de esos disfraces o vestimentas del plural tartamudeado de la segunda persona del singular. Para nada. Había piernas, es decir, un vestido rojo con negro, muy elegante, y bailarinas talentosísimas con la estética de sus cuerpos creando figuras en el aire. La protagonista de Carmen era la perfección física. Alcanzaba una especie de clímax corporal con la forma tan grácil de moverse. Y no sólo ella, el cuerpo del ballet hizo un trabajo magnífico. Qué decir del Bolero de Ravel, cuyo éxtasis musical retumba todavía en mis oídos.

Por cierto y como nota final: la señora dibujante se salió en el intermedio. Creo que no le gustó. Sin embargo, lo que creo en verdad es que solamente fue a dibujar. Pude ver algunos trazos, era bastante buena, aunque también creo que estaba loca. Pero eso significa que el arte está en todos lados, no obstante, si me preguntan, prefiero el arte de las rusas.

 

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