Un nuevo panorama “aux Champs-Élysées”

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Un nuevo panorama “aux Champs-Élysées” 

Eugenio Pérez Certucha.

El 11 de marzo del 2004 es un día que muchos españoles, y en particular los madrileños, quisieran olvidar. Ese día, en el transcurso de la mañana, bombas en mochilas dentro de la red de tren ligero (realmente llamados trenes de cercanías) de la capital española explotaron, dejando un saldo de múltiples muertos y un poco más de una centena de heridos.

En este año, a siete días de haber comenzado,  la ciudad de Paris fue el escenario de la matanza de 12 de los dibujantes del ahora mundialmente famoso Charlie Hebdo. Además, claro, de las cuatro víctimas de confesión judía cerca de la puerta de Vincennes, y la policía asesinada en Montrouge.

En ese sentido, el terrorismo en Europa no es nuevo, aunque pareciera que con los asesinatos de Paris se avecina una nueva era para la seguridad en el viejo continente.

No obstante, y más allá de la discusión sobre el terrorismo que evoca Charlie Hebdo, los asesinatos en Paris sacudieron la política en Francia y tuvieron tres consecuencias muy claras que harán aún más impredecible el futuro político de dicho país; es decir, lo que parecía un inevitable retorno de la derecha a la Presidencia bajo el liderazgo de Nicolas Sarkozy ahora es incierto.

Estas tres consecuencias en la política francesa son, en primer lugar, un desplazamiento; en segundo lugar, una resurrección; y en tercer lugar, un despegue.

Un desplazamiento porque a partir de los atentados que convulsionaron a la república francesa el tema de la economía fue despojado de su rol principal en la opinión pública gala, convirtiéndose en un eje central de la discusión la seguridad antes que el desempleo. Esto no quiere decir que la economía después de Charlie Hebdo dejó de ser importante, sino que ha pasado a un segundo plano – claro, mientras dure la indignación y el “Rassamblement républicain pour la France”.

En segundo lugar, una resurrección, porque el hecho de que los autores intelectuales y materiales de los asesinatos estén ligados (de alguna u otra manera) al Islam tocó una fibra sensible en el hexágono, que es la de la identidad nacional. En efecto, a partir de la distinción entre ciudadano laico y ciudadano musulmán polarizada por la muerte, el debate sobre qué es ser francés ha reabierto las puertas a las preguntas que tanto Sarkozy como Marine Le Pen están obsesionados por responder. A partir de hoy pareciera que podremos ver en Francia una escrupulosa examinación de lo que significa el laicismo republicano, y una revisión de la separación entre Iglesia y Estado. En todo caso, reabrir las heridas de la identidad nacional francesa (Pieds-noirs, regiones de Ultra-mar, Magreb, France-Afrique, etc.) quiere decir cuestionar el modelo de integración del Estado.

Por último, la tercera consecuencia de los atentados de Paris es el despegue de la popularidad en la opinión pública de François Hollande, y particularmente del primer ministro “superflic”–o súper policía- Manuel Valls. No sólo porque en las noticias francesas se escuche hablar del plan de seguridad “Vigipirate”  o de las “medidas excepcionales, pero sin medidas de excepción”, sino porque la pareja Hollande-Valls ha logrado hacer del terrorismo algo que preocupe al electorado francés, y que la cuestión del bienestar, que está tan ligado a lo económico en los países desarrollados, encuentre un nicho en los problemas de la seguridad física de los ciudadanos.

Así, sea lo que sea con el terrorismo, el debut del año francés devela un nuevo camino entre el Hotel Matignon y el palacio del Eliseo donde el señor Hollande podrá reencontrar una candidatura para 2017 (si no vuelve a perder la autoridad), y el Partido Socialista dará un nuevo respiro que tal vez le otorgue el triunfo en las elecciones departamentales de este año.

Literatura y política; una relación inherente

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Política y literatura; una relación inherente

Rodrigo Salas Osorio

El arte es complemento de hombre y mujer. Los ha nutrido y acompañado desde el inicio de los tiempos. Pintura, literatura, música y demás manifestaciones, han ayudado a definir al hombre históricamente. La humanidad ha aprendido a desenvolverse tanto, para su fortuna o desventura, en el ocio artístico. Es ahí donde no solo se encuentra el vendaval de sentimientos y naturaleza de nuestra especie, sino también sus motivaciones dentro de la esfera social que le rodea. El presente ensayo tiene como objetivo demostrar, mediante lacónicos ejemplos, la participación histórica de la literatura en la vida política desde su creación.

Poder, política e historia encuentran participación continua dentro las diversas manifestaciones escritas halladas a lo largo del tiempo: poesía, novelas y epopeyas. Cada una de ellas se ha cargado de una influencia innegable de su tiempo, pues es la misma realidad la que las condiciona. Los grandes mitos que acaudillaron sociedades pasadas son visibles en epopeyas poética y bellamente compuestas como los son El poema de Gilgamesh, o La Odisea y La Ilíada, caracterizadas por su prestancia y definición de la vida antaña, tanto griega como sumeria.

La literatura es un hecho. A través de ella pueden sentarse las bases para el estudio de la política en un sentido histórico. La extensa y profusa obra de Shakespeare es un ejemplo por excelencia. Tragedias como Macbeth o Hamlet, exponen una etapa de la historia europea en donde la locura y la ambición por el poder llevan a los aspirantes de éste a cometer el arrebato del mismo sin que exista un óbice fuerte para detenerlos. Ficticias pero verosímiles. La tragedia shakespeariana dibuja el comienzo del absolutismo. El poder se ejerce en su totalidad o se es presa de sumisión humillante. No importa de qué magnitud sea el parricidio o magnicidio ejecutado, la satisfacción de encontrarse por minutos diminutos con vasallos doblegados es suficiente para burlar la dignidad.

Para tener ilustraciones contemporáneas puede recurrirse a Elias Canetti. Ensayista por excelencia y autor de solo una novela, Auto de fe, primera obra que vería morir a un relator de excelencia evidente. Canetti busca encontrar una explicación a la relación de poder entre individuos, es decir, una metáfora de la vida pública. Dentro de su novela se encuentra la protagonización de un erudito que contrae matrimonio con su ama de llaves. Ésta, representante de las masas, tiene todo carácter atribuible a las clases menesterosas: falta de gusto por el arte y un mundo inteligible. El dinero es su preocupación única. Al confrontarse estos dos polos, se encuentra una indisposición de parte de las masas para controlar la situación, aspecto que lo llevaría a dudar de la conducción de la vida política en manos de la masa. Su teoría se resume en medida en dicha novela. El poder es inherente ahí.

Las revoluciones que han marcado y modificado la brújula de la humanidad quedan truncas en su entendimiento sin apoyos literarios. ¿Cómo entender, por ejemplo, a la Revolución rusa sin devorar El doctor Zhivago de Pasternak para divisar el devenir histórico de Rusia en su periodo más convulsivo? La revolución francesa en cambio, se distingue de manera más sensible con Historia de dos ciudades del reconocido Dickens. La historia mexicana no se queda al margen de la historia mundial, pues durante la Revolución mexicana y en su posterior tiempo, novelas como Los de abajo, obra de Mariano azuela, o El luto humano del ex convicto José Revueltas, se convierten en parcelas artísticas que acusan una realidad cubierta en pólvora y desigualdad.

Las grandes guerras que profundizaron la mayor cicatriz de dolor y hundimiento humano también reciben el sello de la novela. Sin novedad en el frente merece un vistazo a cien años del estallido de la primera guerra mundial. Jóvenes menores de edad son enviados a los frentes alemanes para defender intereses ajenos y superiores. Todos caen sin el cobijo de sus seres amados. La sensibilidad es asesinada en guerra y vida. El sueño se empantana para la juventud con el rugir de los obuses.

Por otra parte, Sobibor parece demostrar que la Segunda Guerra solo fue la continuidad de la anterior. La empatía quedó enmohecida y sepultada junto con los miles de judíos asesinados. La novela del francés Jean Molla es un asomo al pasado de un soldado alemán digno de alabanzas en el Tercer Reich. Logra concretar una vida y familia similar a la que pisoteó en tiempos de guerra. Sin embargo, la senectud es para él el martirio terrenal. Su nieta reniega de él al descubrir su pasado en diarios. La única escapatoria es el suicidio, posibilidad negada en décadas pasadas.

Como epílogo, es necesario apuntar que la literatura no solo es un placer en el que la humanidad busca una perfección de la humanidad. Muchos buscan la sensibilidad en ella o con ella. La vida política y humana puede estudiarse tan solo con la selección oportuna de textos que marcaron épocas concretas o pensamientos. La literatura es base para cualquier análisis de vida política.

Books of memories

Pintura y política

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Pintura y política

Adolfo Gamboa Jiménez

Gamboa, Pintura y política

Kubin, Alfred, Der Letzte König, circa 1900-1903, Alemania, MOMA.

La pintura como expresión artística a lo largo de la historia ha reflejado la vida del ser humano. Es así que al volverse fundamental la política en la vida humana esta no podía pasar desapercibida de los trazos de los pintores. Incluso cuando los tiempos mostraban lo contrario, una sociedad apolítica o a punto de devenir en dicho estado. Cabe prestar especial atención a las manifestaciones que plasman a aquellos que en su momento ejercían el poder -o la representación simbólica de estos-, porque estas también expresan la naturaleza misma del político en su más pura expresión: la del esquizofrénico. De tal suerte que el pincel se balancea en un amplio arco, en un extremo yace la sociedad desembarazada y libre de reírse y en el otro extremo yace “el último sobreviviente”; el único hombre sobre la tierra que ha de engendrar sobre despojos baldíos una nueva sociedad.

El último rey de Kubin yace rígido sobre su trono con holgadas vestimentas blancas y una expresión dura que combina cierta satisfacción con una intransigencia de mármol. Las vestimentas crean un aura sacra en una atmosfera gris y vacía. Los brazos del monarca se posan con gracia sobre descansabrazos en forma de serpiente que parecen transmutar el torso del soberano en una sustancia líquida que se vuelve una con el descanso real. Finalmente, a los pies de este yace una turba cubierta por una niebla oscura que impide reconocer rostros; aunado a que esta horda se cubre a sí misma con capuchas, las cuales inclinan aún más sus cabezas. Entre los súbditos algunos murmuran temerosos ante el espectáculo que se desarrolla frente a sus ojos. Lo único que los ilumina torpemente es una luminaria que desprende humo con elegancia.

La sacralidad y la rigidez del monarca se encuentran, en efecto, relacionadas con una conexión divina. Fuera del monarca no hay nada más, él representa la totalidad, el punto de concentración de Dios, el medio de comunión entre lo divino y lo humano. Es el representante de Dios en la tierra o incluso en algunas ocasiones puede ser la misma divinidad. La posición rígida representa la fragilidad y el valor del poder en sí mismo. El soberano no es sino un recipiente en el cual se vierte constantemente la sustancia del poder. Sin embargo, cualquier cambio abrupto puede romper el balance y verter sobre el impío suelo el valioso contenido. Tal cual lo menciona Elías Canetti: “La estructura política de muchos pueblos tiene su núcleo en la postura rígida y exactamente prescrita de un individuo único(1).

El “único” es un guardián de los secretos divinos y del mismísimo “orden cósmico”. De allí que el símbolo que utilice sea el de la serpiente. Al igual que ella esconde misterios y no teme responder con veneno a aquellos que osen romper el cerco sobre su tesoro. Grandes ojos asechan hipnóticamente a los espectadores del trono. La perpetua guardia de la serpiente es el equilibrio en sí mismo. El punto central es el conocimiento esotérico. Sin él no existiría la figura focal del “único”, por tanto nadie protegería de la muerte a los habitantes de la Tierra. Y aquello mismo que dota de vida y paz a dichos personajes, también los condiciona y los limita, puesto que no pueden osar asir dicha sabiduría para sí sin enfrentar unos afilados colmillos o su condena de muerte. La figura como protector del soberano se vuelve fundamental para el “orden cósmico”, su rigidez se expande sobre la sociedad y crea límites dentro de esta, tal cual lo atestigua de manera muy lúcida el presidente de la Corte de Dresde y esquizofrénico, Daniel Paul Schreber:

El concepto de moralidad existe sólo dentro del orden cósmico, es decir, del vínculo natural que mantiene a Dios unido con la humanidad; cuando el orden cósmico se rompa sólo resta una lucha por el poder, en la cual decide el derecho del más fuerte.(2)

El verdadero soporte del monarca de Kubin no es su trono. Su posición está dada por aquella muchedumbre que se siente desnuda sin la presencia del rey. Sin saberlo –o pretendiendo no saber- son ellos mismos el componente esencial de aquel secreto que yace constriñendo la serpiente. “Lo único no subsiste sin su soporte. Pero el soporte puede subsistir por sí solo. El único tiende a ser celoso, porque algo no le pertenece. El soporte tiende a ser indiferente, porque todo reposa sobre él.”(3) Y así yacen aquellas figuras antropomorfas en la pintura de Kubin; en ellas salta a los ojos un pequeño destello de curiosidad. Sin embargo lo que reina entre dichos entes es una triste indiferencia ante el orden cósmico que bien podría ser suyo. El sólido trono que yace frente a ellos es en parte un crimen perpetrado por el único contra ellos y de ellos contra sí mismos.

La gran virtud del “único” está en su conocimiento del resentimiento que no se borra de la memoria de aquellos despojos de hombres que lo sostienen. De allí que tema y cele a aquellos que no le pertenezcan, sea cual sea su particularidad como sustantivo. Sus recursos principales son los límites y el terror, percibidos e implantados como normalidad en lo cotidiano. Los murmullos entre los hombres en la pintura son tenues, pero representan aquello que más teme el monarca: el intercambio. El intercambio en sí mismo representa un rompimiento con aquello que es. La palabra es el principal medio por el cual se lleva a cabo tal trueque, y como tal es un excedente que rompe con la paz y el silencio del cotidiano terror. Ajeno al dominio del “único”, el intercambio se convierte al instante en una amenaza para este al desafiar su totalidad.

Al igual que el “único”, una característica inequívoca del esquizofrénico es la invasión por voces. Toda palabra evoca un significado que a su vez rompe con la unicidad de la pura imagen estética carente de excedente. El esquizofrénico encuentra en cada evocación lo desconocido y por tanto en esa oscuridad encuentra el rostro de su enemigo. Las palabras ante los pies del monarca son un insulto a su libertad de palabra, puesto que desafían la autoridad y la certeza que este pueda tener con respecto a dichas palabras o conceptos. Tanto el “único” como el enfermo de nervios se encuentran empujados a enfrentarse ante tal embestida de preguntas con una causalidad atada a su destino. “Ata todo lo demás que hay en el mundo con una cadena de motivos forjada por él mismo y así se lo apropia.”(4)

Si el mundo se vuelve oscuro entonces “el único” intenta atarlo a sí mismo. Podrá temer al excedente, pero la única manera de lidiar con él es hacerlo parte de sí mismo. Sabe que en el misterio siempre se esconde lo familiar, por tanto es menester aventurarse y desenterrar del oscuro pantano aquello que se conoce. Así hasta el fin del mundo, su propio ser ha de reconocerse con todo excedente hasta encontrar el descanso de toda voz ajena a la propia, lo cual se convierte en una marcha perpetua que alimenta la continuidad de la figura del “único”: sin el terror al enemigo el soberano no puede existir. “Mientras haya enemigos, habrá terror; y habrá enemigos mientras exista el dinamismo.”(5). Y tal dinamismo existirá siempre que haya una amenaza ante él.

La serpiente se hace presente de nuevo en este círculo que bien podría llegar a ser eterno, sino fuera porque llega un punto en el que no hay más de que apropiarse. El mundo pierde diversidad y sólo restan rostros familiares. Lo que es regresa a su estado primigenio previo a la metamorfosis del intercambio. Una libertad de palabras se impone ante el resto del mundo; el último hombre se yergue sobre los despojos de un mundo en ruinas por su guerra y sonríe porque al fin no hay más que temer ante un invasor que bien podría tocarlo. “Finalmente, nada queda sino él y lo que él domina.”(7)

Referencias

(1) Canetti, Masa y Poder, p.650.

(2) Schreber, Daniel Paul, Memorias de un enfermo de nervios, p. 110.

(3) Calasso, Roberto, Las bodas de Cadmo y Harmonía, p. 287.

(4) Canetti, op. cit., p. 639.

(5) Camus, Albert, El hombre rebelde, p. 239.

(6) Canetti, op. cit., p. 641.

Bibliografía

-Calasso, Roberto, Las bodas de Cadmo y Harmonía, Anagrama, México, 2013.

-Camus, Albert, El hombre rebelde, Losada, Argentina, 2008.

-Canetti, Elias, Masa y Poder, Alianza, España, 2013.

-Schreber, Daniel Paul, Memorias de un enfermo de nervios, Sexto piso, España, 2008.