Ser urbano

Ser urbano

Olivia Aguilar

Uno debe enfrentarse a la dificultad de reafirmar la personalidad propia dentro de las dimensiones de la vida metropolitana. Uno aprovecha la diferenciación cualitativa a fin de atraer de alguna manera la atención del círculo social manipulando su sensibilidad para con las diferencias.
Georg Simmel

El “yo” es indeterminado; cualquier “yo” es posible.
John Seel

La explicación de la ciudad como una red de lugares y momentos que hacen espacio y tiempo va más allá de la culminación de una etapa dominante de la historia.(1) La gran ciudad puede ser resultado de la política moderna: una elaboración racional del mundo en donde se fusiona la modernización y el proyecto cultural urbano, pero a la vez tiene efectos en la transformación identitaria de los individuos.

La ciudad como escenario reproduce al ser. Hay transformaciones constantes que la modernización exige a la ciudad y el hombre urbano, además de que las lleva a cabo, se adapta. El sentimiento de comunidad -dependencia a un grupo, representación fija de roles, reconocimiento mutuo-(2) se aleja de características de la vida urbana como el aislamiento, el individualismo, la soledad. La resistencia que se superpone al individuo amenaza con desubicarlo.(3)

Lugares y formas urbanas conducen a nuevas representaciones sociales: las miradas en las calles son efímeras, las conversaciones impersonales; el espacio público se llena de siluetas de anonimato y figuras de aislamiento cuando viajas en metro. Un aumento en la diferenciación de las relaciones sociales expresado en la fractura entre sujeto y objeto:(4) por un lado, la escasez de posibilidad de crear relaciones emocionales a profundidad en las envalentonadas calles conduce a un ajuste de personalidad que se torna huraño en el tiempo; y por otra parte, la supuesta subordinación de la conciencia colectiva a la conciencia individual coloca al individualismo como una característica imprescindible.

Pero hay una potencia en la red urbana: el hombre está ante un escenario de posibilidad. Se crean ilimitadas formas de adaptación en donde se puede ser lo que sea,(5)simulación o realidad, porque la base de las relaciones en el espacio urbano no es consecuencia del reconocimiento del otro: el lugar de definición es indefinido.

Se trata de reflexionar lo anónimo como característica cotidiana en la ciudad: cómo influye esto en la construcción identitaria, ¿se pueden crear relaciones de pertenencia y arraigo a través del anonimato?

Aunque en la ciudad existe una lucha latente con lo común, sí existe un imaginario que corresponde a todos los habitantes:(6) los momentos de apropiación de lo urbano se reflejan en las direcciones y relaciones epistolares; la postal de algún museo y las fotografías de un turista; los mitos urbanos, los callejones y las callecitas; los parques públicos y monumentos. Además, existe un cotidiano que puede ser comprendido ya que reúne maneras de hacer que se repiten, las interacciones pasajeras se regulan con un lenguaje propio que siempre es entendido porque se crean vínculos efímeros todos los días.(7) Pero las prácticas ordinarias exigen un análisis más allá de las superficies visibles. Las tantas diferencias; la organización caótica y la agilidad del tiempo; lo inmediato y tardió de las trayectorias, van construyendo lo anónimo que es también lo habitual.

La verificación de lo individual sólo puede comprobarse cuando las estructuras sociales se colocan como resistencia. Las formas metropolitanas de interacción pueden ser más flexibles que las estructuras rurales o de ciudades pequeñas, porque en la gran ciudad las experiencias colectivas se interpretan y significan en el espacio y tiempo compartido pero a través del desconocimiento del otro. Como una cuestión de libertad implícita el anonimato posibilita.

Aguilar, Ser urbano

Referencias

(1) Bolívar Echeverría en “Modernidad y Capitalismo“ expone que el progresismo es una etapa dominante de la historia contemporánea. La unión de individualismo y humanismo hace que “el progresismo se haga espacio“ en la ciudad.

(2) R. M. MacIver, Charles H. Page, “Principales formas de la estructura social“ en su libro Sociología, pp. 294-363.

(3) Georg Simmel, en su artículo “La metrópolis y la vida mental”, explica “cómo en las estructuras metropolitanas la personalidad se acomoda al entorno urbano ajustando la personalidad a las exigencias de la vida social.”

(4) El sujeto se hace cuerpo en las calles, se hace objeto. No es necesario ser sujeto para tener el derecho de circular por la ciudad. Cualquiera puede ser cualquiera. Después del aumento en la diferenciación de las relaciones sociales se puede irrumpir en el espacio urbano sin que sea un requisito ser reconocido por el otro a partir de la subjetividad, se puede ser sólo un cuerpo objetivado y tener derecho al espacio público, el cual, inevitablemente, es individualista: sólo el individuo se sabe sujeto, la colectividad no lo reconoce.

(5) La construcción identitaria en las grandes ciudades no es pura relatividad aunque sí sea pura potencia. Se puede ser lo que sea dentro del límite de lo que permite el cotidiano y la adaptación a lo que va siendo.

(6) Michel de Certeau agrega un escalón de análisis: los cuerpos “obedecen un texto urbano que escriben sin poder leerlo.” Se acciona en espacios que no son visibles. Según el autor hay dos geografías, una en sentido literal y la otra en sentido poético.

(7) Además, existe un acervo de conocimiento en común para proceder en el mundo. Formas de hacer que posibilitan la interacción.

Bibliografía

Bauman, Zygmunt, “En busca del espacio público” en su libro En busca de la política, ed. FCE, Buenos Aires, 2001, pp. 17-66.

De Certeau, Michel, “Andares de la ciudad” en su libro La invención de lo coidiano, UIA, México, 2006, pp. 103-122.

Giddens, Anthony, Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas, Taurus, Madrid, 2000.

Simmel, Georg, “La metrópolis y la vida mental” en el libro Glencoe, K.W., La sociología de Georg Simmel, The Free Press, 1990.

Simmel, Georg, “El extranjero: sociología del extraño”, introducción de Olga Sabido Ramos, ediciones Sequitur, Madrid, 2012.