Liderazgos subalternos y construcción medial. Chile 2007-2011

por José Luis Riffo Muñoz[1]
Jorge Saavedra Utman[2]

Resumen
La presente investigación analiza la construcción de dos liderazgos políticos en el Chile contemporáneo (situados en 2007 y 2011), surgidos desde los bordes de la institucionalidad imperante y en un contexto de mediatización y espectacularización política, y de un espectro medial hegemonizado por grupos oligopólicos funcionales al orden establecido. En lo específico, se reconoce la manera en que opera la configuración de líderes sindicales y estudiantiles, así como los mecanismos que actúan deslegitimando su acción, agencia, cualidades y, por ende, de su contribución a la creación de un orden colectivo.

Los estados naciones latinoamericanos se han constituido desde sus orígenes estableciendo meta relatos de identidad (Rodríguez Cascante, 2004). En ellos, la figura del héroe ha sido un elemento permanente, particularmente en el caso chileno, instalando una visión y corporeidad que se plasma en la imagen del conductor o “padre de la patria”, una figura preferentemente masculina (Armijo, 2007) que a lo largo del siglo ha sido depositaria de características personales relevadas como innatas, únicas y sobresalientes.

Este régimen de visibilidad, no obstante, no es nada nuevo. cheap fjallraven kanken sale Desde el ágora clásico, la figura del líder (el virtuoso) y su condición heroica en algunos casos, pasando por Maquiavelo (el realista) hasta el contemporáneo (el mediático), ha sido buscada, creada y disputada para legitimar a aquel que sobresale entre los demás (Bauzá, 1998), con el objetivo de depositar en un alguien la prerrogativa de mandar a colectividades y ser el estandarte de luchas, campañas, pueblos, pasiones colectivas, destinos e ideas. De la misma forma, esta configuración representacional del líder es acompañada por la definición de un “otro” antagonista de esta historia, aquel antihéroe que comporta un no-modelo, un peligro para el colectivo, una amenaza de caos, del fin.

Cuando hablamos de relatos que se ponen en juego, hablamos de discursos que se construyen como representaciones y entran en pugna por dar legitimidad a instituciones, normas e historias que circulan en el contexto de regímenes de visibilidad. El discurso es el arma por la cual el poder se constituye como tal, pero además el medio por el que se lucha y a través del cual se lucha (Foucault, 1999: 26). En nuestra época, donde está situado este análisis, dicho régimen de representación legitimadora se constituye fundamentalmente en la función periodística y en los medios de comunicación como “el lugar en donde las sociedades industriales producen nuestra realidad” (Verón, 2002: 5), en cuyo quehacer está socialmente legitimada e institucionalizada la construcción de la realidad social (Rodrigo, 1989), y donde existe un contrato (Charadeau, 2004) de verosimilitud que potencia a estos agentes en tanto portadores de lo visible, maridando por ende las disputas del poder político con su necesidad de relato.

A este proceso se le denomina mediatización de la política e implica que la discusión y figuración de lo público se agencia en los medios de comunicación contemporáneos. Acudimos a ellos para saber “lo que pasa”, para que nuestros problemas “se resuelvan”, para que “nos vean” y para reconocer las disputas sobre lo público. En este sentido, Lorenzo Gomis es muy claro cuando asegura que “lo que no pasa por los medios no pasa por ninguna parte, no deja constancia y no influye. Los medios son el lugar común de la acción política” (1991: 203).

No obstante, junto a la mediatización de lo político corren en paralelo tres operaciones que son atingentes para comprender la constitución de los nuevos liderazgos políticos y la hegemonía discursiva en el espacio público a través de la cual son legitimados. Estas operaciones son la profesionalización de la política, su espectacularización y, en el caso chileno, la oligopolización en la propiedad de los medios de comunicación.

La profesionalización de la política está asociada al ejercicio de ésta por parte de individuos que ostentan cargos de representación validados y que dedican a eso su vida (Wolton, 2002). Son políticos quienes operan “profesionalmente” dentro de un espacio que ellos definen como público, “donde cualquiera que no tenga el tipo de cargo adecuado, y que aparezca allí en una ocasión ni calculada ni preparada y sin invitación, es, por definición, un intruso” (Bauman, 2001: 19). Esto implica que hay una técnica política, que en el caso de la aparición y función en lo público obedece a un marco preciso: se necesita un equipo técnico, una estructura de partido en algunos casos, buenos asesores de imagen y una cierta instrucción previa para entrar en el ejercicio de una política tecnificada. Quien trate de entrar en esta lógica bajo otra modalidad, será visto como extraño (Bauman, 2001).

La espectacularización de la política, en tanto, es la puesta en escena de la política bajo los cánones que mandatan los soportes de representación discursiva. En el caso de los medios de comunicación, la mediatización de la política (Mazzoleni y Schultz, 2009) se ejerce fundamentalmente en la televisión, aunque su lógica representacional se ha trasladado también a los medios escritos: el mando de la imagen, la escasez de profundización, el seguimiento de una agenda, el carácter sensacional de “lo noticioso”, la propiedad del medio, el visto bueno de los auspiciadores. Es decir, la espectacularización hace que, según Arancibia (2011), aquello que quedaba de logos en la política mediatizada, se convierta en pura forma.

Finalmente, el tercer elemento que opera es el de la propiedad de los medios, elemento que en el concierto latinoamericano está supeditado mayoritariamente a grupos económicos que dominan diversos medios de prensa escrita, radio y televisión (Lugo-Ocando, 2008), que presentan una postura ideológica más o menos explícita y una posición preeminente en el espectro de la amplitud medial, cerrando y abriendo puertas, entregando y quitando legitimidad o hasta existencia, como diría Gomis.

Tras este recorrido, es necesario reconocer la situación específica de Chile y puntualizar que en el país austral existe una concentración medial de grandes cadenas (Monckeberg, 2009: 3) que, mayoritariamente, apoyan el sistema económico imperante desde un punto de vista político (Sunkel, 2001), dejando casi sin espacio a la disidencia a dicho sistema (Matus, 2010; Leyton, 2010). Esto, en el marco de cuatro gobiernos de la “Concertación”, coalición compuesta por partidos democratacristianos y socialdemócratas (1990-2010)[3] que desarticularon el tejido social, sus organizaciones y movimientos; y un gobierno de derecha (2010-2014)[4] que ha perpetuado dicha situación: la de un país con una democracia incompleta (Feres, 2009), donde los partidos y la política institucional tienen serias grietas como interlocutores ciudadanos (Guerrero, 2006; Silva, 2009).

La irrupción de lo subalterno
En este contexto, esta investigación nace por el interés de ver cómo lo políticamente subalterno se cuela en un espacio discursivo hegemonizado por medios de comunicación y partidos políticos ideológicamente vinculados y autocomplacientes. Para ello estudiamos dos casos que corresponden a personas en las que se corporeizó el liderazgo de movimientos sindicales y sociales, surgidos al margen de dos coaliciones políticas que en las últimas tres décadas han gobernado Chile bajo la lógica del consenso. Ambos liderazgos -y los movimientos que encabezaron- se plantearon en rechazo al modelo económico neoliberal y a las consecuencias que acarrea su aplicación en Chile para la vida cotidiana de trabajadores, estudiantes, familias y sociedad en su conjunto, a través de protestas, marchas, encuentros y negociaciones que se prolongaron por meses.

El primer caso es el de Cristian Cuevas, quien durante 2007 -segundo año de gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet- lideró la movilización de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), organización multisindical nacida ese mismo año y compuesta por trabajadores de distintas empresas que prestaban servicios a la compañía minera estatal chilena Codelco, en calidad de trabajadores subcontratados. Con la formalidad de su creación, en junio de 2007, miles de trabajadores paralizaron sus faenas, ocupando calles, accesos y capillas en reclamo de demandas laborales. En este proceso explosivo de aparición pública, la figura de Cuevas –militante del Partido Comunista- destacó al comandar un proceso inusual para el país: miles de trabajadores subcontratados paralizando un área de la economía vital para Chile, en circunstancias que hasta ese momento nunca habían protagonizado un episodio de protesta, sino que más bien permanecían invisibilizados.

El segundo caso es el de Camila Vallejo, también militante del PC y que en su calidad de presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), fue la principal vocera del movimiento que en 2011 -en el marco del segundo año de gobierno del Presidente Sebastián Piñera- protagonizó una de las mayores movilizaciones estudiantiles de la historia chilena, la más relevante desde el regreso a la democracia en 1990. Con el correr de los meses la estudiante de Geografía se convirtió en el personaje ícono de las protestas no sólo a nivel nacional, sino que también en el extranjero. Una seguidilla de marchas a nivel nacional, tomas de colegios y universidades, manifestaciones artísticas y actos de protesta de todo tipo, copó la agenda pública desde abril de ese año y la atención de los medios de comunicación durante siete meses. El origen de las movilizaciones se ubicó en el rechazo de los estudiantes al sistema educacional instaurado durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), que tiende al abandono de la educación pública en privilegio de una educación privada que persigue el lucro y no la calidad ni equidad educativa.

Ambos casos corresponden a personas que hasta antes del surgimiento de las protestas no figuraban en el espacio público mediatizado, ni así tampoco las demandas que vehiculizaban. Maglie Los Angeles Clippers No obstante, al ser identificados como líderes, los dos se constituyen en instrumento para una práctica discursiva común a los medios de comunicación, cual es la subjetivación política para la representación de un conflicto social.

En este contexto, la presente investigación circunda por tres objetivos. Primero, vislumbrar los elementos ligados a los atributos, cualidades y acciones con los que el régimen de visibilidad política contemporáneo construye identidades que, en el caso chileno, se presentan de manera crítica al sistema económico político neoliberal. En segundo lugar, ver si se utiliza -y cómo se utiliza- el estereotipo para reducir la complejidad de un conflicto social y la incertidumbre que conlleva la irrupción de nuevos liderazgos. Finalmente, este texto analiza el lugar que ocupan en el eje legitimidad/ilegitimidad tales líderes en tanto actores políticos, y a qué se debe que ocupen una u otra posición.

Para adentrarnos en estos objetivos, este estudio se centró en el tratamiento noticioso que hizo el periódico chileno El Mercurio durante tres meses, en el caso de Cuevas, y cinco meses, en el caso de Vallejo. La elección del medio se debe a que corresponde al periódico de mayor influencia política en Chile, a que instala una pauta[5] de temas en la discusión política institucional y una vocería del pensamiento de la derecha política y el empresariado en Chile (Correa, 2005). A ello se suma que desde el regreso a la democracia en 1990 ha sido el medio donde más avisaje ha recaído por parte del Estado (Corrales & Sandoval, 2005) y a que comanda la cadena de periódicos más grande de Chile, teniendo presencia desde el norte hasta el sur en todas las grandes ciudades del país. Air Jordan 14 (XIV) En esta elección de El Mercurio como objeto de análisis también se consideró que el otro holding con el que comparte el oligopolio de la prensa chilena, COPESA, reúne características similares en cuanto a adscripción al modelo económico y político.

Como cuerpo de estudio se utilizaron notas de prensa, artículos de opinión, reportajes y editoriales, a partir de la primera nota en que Cuevas y Vallejo aparecen mencionados en 2007 y 2011, respectivamente. Para el análisis se utilizaron las siguientes categorías analíticas: temas y proposiciones, implicaciones y suposiciones, coherencia local, contraste, ejemplos e ilustraciones, negaciones, y estructura a partir del tratamiento noticioso que permitió observar las siguientes categorías conceptuales: A) la ecuación personal del liderazgo que construye el medio, entendiendo por esto la competencia política (habilidades y capacidades), ambición, credibilidad, popularidad y visión política del líder (más allá de la coyuntura); B) el comportamiento efectivo de los líderes: adopción de decisiones políticas (qué hace) y realización de tareas (cómo hace); C) la red de apoyo que utiliza, y D) el contexto del liderazgo, entendiendo por esto los entornos facilitadores y amenazantes del liderazgo. Estas categoras ana﷽﷽﷽﷽egorcomo representaciones y pcionese la sociedad, como partidos polovilizaciías analíticas las hemos obtenido y adaptado a partir del trabajo de análisis crítico del discurso de Teun Van Dijk (1988, 1997, 1999, 2001), en tanto las categorías conceptuales provienen de Antonio Natera (2001) y Santiago Delgado (2004).

La configuración de los líderes
Tras la revisión de la cobertura periodística del medio en ambos casos, podemos observar que la construcción del liderazgo de Cristian Cuevas y Camila Vallejo transita por el siguiente camino.

A) Ecuación personal: Función de títeres

A.1) Competencia política. La construcción del liderazgo de Cuevas, en lo relativo a sus cualidades es la de un dirigente inteligente, astuto y capaz de movilizar y coordinar a las personas, que sabe avanzar a partir de las debilidades de sus contrapartes en la movilización. Es un estratega y un gran orador que, si bien carece de madurez sindical y mayor experiencia, tiene el control sobre quienes dirige. En el caso de Vallejo, se le sindica como capaz de estar al frente de una movilización de manera colectiva (junto con otros) y portadora de un poder comunicacional basado en un carisma juvenil y desafiante, aun cuando no tenga el control total sobre quienes dice representar. nike air max 90 pas cher Matthew Stafford UGA Jersey En ambos casos, sin embargo, es el Partido Comunista y todo lo negativo que éste representa para el imaginario conservador de El Mercurio, quien opera los hilos de su accionar, marcándose esto mayormente en el caso de Cuevas y en menor medida en el de Vallejo, ya que para el medio analizado, el primero es un militante ya comprometido y la segunda goza de cierta juventud que la sitúa en proceso de ser convertida totalmente al comunismo.

A.2) Ambición. En cuanto a su ambición, Cuevas es definido como un líder altamente ambicioso en sus objetivos, pues pretende que a partir de la movilización que lidera, los demás trabajadores subcontratados del país se alcen en protesta por su situación. Este motivo lo convierte en un líder altamente sospechoso para el medio, pues explicita que hace cuatro años no trabaja (no se menciona por qué) y tiene doble militancia: líder sindical y encargado de movilizaciones del PC. Es decir, es una persona de conducta sospechosa, lo que comprueba el medio a través de ejemplos en que no es capaz de decir a cuánta gente efectivamente representa. En el caso de Vallejo, su ambición según el medio es doble. Por un lado, persigue objetivos más allá de la coyuntura e instala exigencias –renacionalización del cobre, reforma tributaria- que el medio reconoce como imposibles de aceptar e impropias para una protesta estudiantil. Fjallraven Kanken Rugzak El segundo aspecto de su ambición se liga al aprovechamiento de su rol como dirigenta para generar beneficios al Partido Comunista. Esta intención es declarada desde la primera nota que El Mercurio le dedica enteramente, que se titula: “Camila Vallejo, la nueva figura del comunismo chileno”[6].

A.3) Credibilidad. Al ser ambos líderes de figuración pública reciente y sobre cuya historia se sabe poco, se constituyen en una dificultad para el relato de El Mercurio. Sobre Cristián Cuevas se centran varias miradas, unas diciendo X y las otras Z, y ante la vaguedad El Mercurio escribe: “lo cierto es que la militancia comunista del presidente de la CTC sí ha generado algunas inquietudes”[7]. Su militancia PC es, por ende, un problema desde la posibilidad de darle credibilidad a sus buenas acciones, pues El Mercurio instala al PC como manejador de todo. En el caso de Vallejo, este anclaje opera de igual manera, aunque con un menor grado de sospecha[8]. Asics Pas Cher Site Officiel No obstante, igualmente el diario reconoce que su actuar resulta cambiante, sospechoso y no ceñido a un patrón más que al del PC, en el que una amplia gama de conductas ilegítimas para el medio es permitida. Esto lleva a que incluso ponga en duda cuando presenta denuncias ante tribunales por amenazas de muerte en su contra, como en la nota titulada: “Corte rechazó amparo por las supuestas amenazas a Camila Vallejo”[9].

A.4) Popularidad. La popularidad y arrastre de Cuevas para El Mercurio es una nebulosa de mentiras y verdades. Suele usar el “dice representar” y mientras un día puntualiza que el movimiento no tiene gran arrastre, al día siguiente dice que tiene un alto poder de convocatoria. Fjällräven Kånken Ryggsäck Sverige En el caso de Vallejo, el medio reconoce una simpatía general hacia ella, en el marco del respaldo que despiertan todos los líderes del movimiento, pero permanentemente manifiesta que su popularidad presenta fisuras y cuestionamientos en las bases del movimiento por considerársele una figura que a poco andar cae en la controversia de ser más objeto de marketing[10] que un liderazgo efectivo, acusándola de preocuparse más de ella que de quienes representa. cheap fjallraven kanken sale Sobre su popularidad, el medio describe que en el caso de Cuevas habría un carisma y estrategia, y que en el caso de Vallejo ésta radicaría en su belleza que la acercaría más a una figura de televisión que de la política. Así lo ejemplifica una nota donde se fundamenta que la líder estudiantil es: “conocida por el arete en su nariz y una belleza comparable a la de una estrella de telenovela”[11].

A.5) Visión. Dado que El Mercurio dibuja a Cuevas como un títere del PC, más que un líder sindical cuyo actuar obedezca a los intereses del gremio que dice representar, se infiere que su visión y proyección de extremar el conflicto y extenderlo a todo el país es una estrategia del PC. Así lo deja en claro en el artículo titulado: “El PC tiene objetivos claros: regresar a la agenda pública y fortalecer un modelo sindical ‘más radical”[12]. En el caso de Vallejo, la presidenta de la FECH es protagonista del conflicto como un “otro” que se constituye como una amenaza reconocible a la institucionalidad, un enemigo común respecto del cual el sistema se repliega para protegerse y conservar la estabilidad y seguridad. Esta posición en la que la sitúa El Mercurio, sobre todo en los primeros meses del conflicto, va acompañada de una permanente vinculación de sus apariciones en las notas y reportajes, con episodios de violencia ocurridos durante las movilizaciones. Este encuadre que hace el diario respecto al personaje mantiene latente la amenaza de caos que puede acarrear la permanencia en el tiempo del conflicto.

B) Comportamiento efectivo de los líderes: El qu de 2007.ecido el de Cuevtro de Educaciidad de la educacin é y el cómo

Para El Mercurio, el comportamiento de Cuevas y Vallejo está ligado a un quehacer destructivo y contrario a las buenas maneras de conducción de un dirigente sindical y estudiantil: entregar respuestas negativas a cada propuesta figurada como positiva por parte del Gobierno, atentar contra la propiedad privada y el espacio urbano, sublevar a la gente. Todas estrategias para agudizar y no resolver el conflicto. Todas acciones pensadas desde el PC que instalan a Cuevas y Vallejo como hijos pródigos de dicho partido. Así lo hace saber El Mercurio en el caso de Camila Vallejo y su disposición al diálogo, como en el siguiente extracto de una nota sobre el conflicto: “No vamos a transar en la regulación de la industria privada de la educación, poner fin al lucro, y no vamos a transar en un mayor aporte del Estado hacia sus instituciones, que hoy están en una crisis profunda’, afirmó la estudiante”[13].

Respecto a la forma en que hacen lo que hacen, El Mercurio dibuja a Cuevas como un diletante revolucionario cuya línea de acción nunca es clara. Un ejemplo:

“Según dijo en Calama el presidente de la Confederación de Trabajadores del Cobre, Cristian Cuevas, las divisiones El Teniente, Ventanas, Salvador y Andina estarían completamente paralizadas. Sin embargo, fuentes de la empresa dijeron que Ventanas se encuentra sin problema y en funciones al ciento por ciento. Tampoco tiene problemas la división de Codelco Norte, en donde sólo ha habido movilizaciones menores”[14].

Sin embargo, el caso de Vallejo presenta un matiz. Si bien su quehacer para el periódico se remite a plantear demandas, organizar marchas, realizar asambleas, rechazar las propuestas del gobierno, acusar violencia policial, encubrir violentistas y eternizar el conflicto de manera artificial, en la medida en que las negociaciones entre gobierno y estudiantes parecen avanzar, El Mercurio comienza a situarla como la voz de un grupo de dirigentes estudiantiles moderados y proclives al diálogo, distinguiéndola de otro grupo que califica de “ultras” por sus posturas radicales, frente a los cuales es necesario tener cuidado. Esta manera de actuar ubica a Vallejo, según la construcción del medio, como alguien que en el camino ha desarrollado un manejo político, pero que en sus formas de negociación y en lo que exige sigue remitiendo a viejos liderazgos ligados al PC.

C) Red de apoyo: claros y oscuros

¿Cuáles son las redes de apoyo que brindan el respaldo a ambos líderes? En el caso de Cuevas, El Mercurio establece tres. Primero, el círculo íntimo del PC que lo blinda, alecciona y asesora. Este grupo hace de él quien es y le brinda las armas para pasar de ser un dirigente sindical más a un líder peligroso. En este grupo participan asesores especialistas en movilización e incluso se indica que algunos fueron parte del gobierno de la Unidad Popular, liderado por Salvador Allende. En segundo lugar están los trabajadores de la Confederación de Trabajadores, de quienes El Mercurio prácticamente no da luces. No explicita quiénes son, cómo son, cuáles son sus padecimientos. Sin embargo, se avanza en cierta información que daría a entender que Cuevas representa sólo a un porcentaje del total de movilizados. Finalmente, existe una red de apoyo en desarrollo entre las que se cuentan partidos políticos de centroizquierda, representantes de la Iglesia Católica y sindicatos a lo largo del país.

El caso de Vallejo es similar, pues el medio también diversifica las redes de apoyo de la líder estudiantil. Primero existe una red de apoyo específica anclada en sus padres, descritos como militantes comunistas; posteriormente una red intermedia, que es el PC; y en tercer lugar una red mayor, que no es precisamente su red de apoyo sino que es la red de apoyo del movimiento estudiantil, más allá que el medio reconozca que ella es su principal líder. Es decir, El Mercurio no traslada las grandes concentraciones de personas en marchas, actos culturales o meetings como un apoyo hacia su rol de conductora del movimiento, sino que lo traslada a las demandas del movimiento estudiantil, quedando por tanto la red de apoyo estudiantil hacia ella en una indefinición permanente.

D) Contextos del liderazgo: El caos no está tan lejos

Sobre los contextos que facilitan sus liderazgos y los escenarios que los crean, El Mercurio hace un ejercicio similar en base a la combinación “Debilidad del Estado = Caos”. El contexto que facilita el liderazgo de Cuevas se posa en varios niveles. Adidas Yeezy 350 Dames Primero, la movilización que lidera es crucial para el quehacer económico del país, por lo tanto no puede pasar desapercibida y él sabe manejar dicha tensión; segundo, la torpeza de la empresa estatal Codelco por no detectar la amenaza que significaba Cuevas con anterioridad, le allana el camino para su obrar; y tercero, la debilidad de la presidenta Michelle Bachelet al no decidirse a solucionar el conflicto de inmediato, permite que Cuevas siga adelante. Por lo tanto, el contexto alentador está dado –siempre según El Mercurio- por una conducción débil del Estado de Chile.

En el caso de Vallejo, el contexto facilitador que crea el medio respecto de su liderazgo es el de una efectiva masividad del movimiento estudiantil que permite que quien ejerza visiblemente como representante de él, tenga una validez comprobable en concentraciones masivas permanentes y en sondeos de opinión que validan las demandas estudiantiles. Nike Air Huarache Heren A esto se suma el efectivo asidero de una molestia respecto al sistema educacional chileno (fundamentalmente anclado para El Mercurio en la calidad de la educación y no en la equidad de acceso), que amerita algún grado de movilización, y a que Vallejo no está sola encabezando el movimiento, por lo tanto tiene un control en su rango de acción, lo que hace que –para el medio- pueda controlar los objetivos propios de su militancia.

En cuanto al contexto amenazante que existe sobre el liderazgo de Cuevas, éste radica para el periódico en la activación de los mecanismos que preserven el Estado de Derecho. Es decir, el fin de un accionar blando y dubitativo del gobierno liderado en ese momento por Michelle Bachelet, que permite que Cuevas comande las protestas más violentas desde el regreso a la democracia, incluyendo rupturas de caminos, quema de buses, uso de explosivos, es decir, un repertorio que el medio figura del todo ilegal y que lleva a que el país pierda dinero por no producir ni exportar cobre, lo que eventualmente conduciría a una situación de caos. Por ende, la amenaza contextual que se cierne sobre el liderazgo de Cuevas, es para el Mercurio, la preservación de la paz en Chile. Esta situación se repite en el caso de Vallejo, aunque la referencia a la figura presidencial es menos directa (dada la adscripción ideológica del medio afín al mandatario) y se apela a la incapacidad de la clase política en general por no saber conducir la crisis, lo que deja a Vallejo en territorio de decidir qué rumbo tomar. En este escenario, la amenaza a su liderazgo está de acuerdo al medio ligada al perfil que adopte ella finalmente: ponerse del lado de actos vandálicos y delincuenciales surgidos al alero de las movilizaciones estudiantiles o asumir una posición conciliadora que le brinde una salida al conflicto.

Conclusiones: del estereotipo, el framing y las condiciones de aparición
A la hora de revisar los desafíos planteados por los objetivos trazados, observamos que el medio ancla ambos liderazgos en territorio conocido, reduciendo incertidumbre merced a estereotipos históricamente construidos e instalados en la sociedad que, en tanto “imagen mental muy simplificada (por lo general) de alguna categoría de personas” (Tajfel, 1984, p.171), permite disminuir la negentropía sobre quiénes son los advenedizos que irrumpen. Se trata de una práctica discursiva que El Mercurio lleva adelante al identificar, primero que todo y por sobre todas las posibles adscripciones, a ambos líderes como miembros del Partido Comunista.

Luego, ya siendo reconocidos como tales, el medio los configura como líderes con cualidades, habilidades y acciones que efectivamente están en la literatura del liderazgo. Sobre las acciones, El Mercurio dibuja ambos liderazgos como portadores de un carisma especial, una capacidad de oratoria determinada, un encanto inusual y tentador que finalmente los hace tener ascendencia sobre quienes dicen representar. No obstante, esto que podría parecer positivo se pervierte en acciones que mediante un hábil trabajo comunicacional y una construcción estratégica no individual –generada por el PC- los pone en una posición de poder inmoral, pues aprovechan un reclamo primitivamente aceptable para acometer acciones nocivas para el natural rumbo del país, proponiendo caminos que exceden cualquier legitimidad y así poniendo en peligro la paz social, lo que obligaría a la necesidad de acciones más severas.

Como consecuencia, Cuevas y Vallejo, en el eje legitimidad/ilegitimidad, aparecen como líderes ilegítimos, cuestión que no se vincula con sus cualidades para el liderazgo, como ya vimos, sino con sus formas de trabajo, sus objetivos y, en el fondo, con ellos mismos. Son, para el medio, marionetas de otros, en este caso del Partido Comunista, que figura como un espectro que los releva de toda agencia propia. El cuerpo de ambos es el de líderes, pero su vida política es el PC, partido categorizado como amenazante para el orden establecido en el discurso hegemónico que difunde El Mercurio. Por lo tanto, no es sólo que sean títeres, sino que son títeres del mal en tanto no abandonen dicha filiación, algo que en el caso de Camila Vallejo es incluso alentado por el medio, reconociendo en la líder estudiantil una posibilidad de salvación, dada su juventud.

Finalmente, nos permitimos hacer dos alcances. El primero es que en términos generales, la construcción mediática de los liderazgos sirve como reductor de incertidumbre ante realidades complejas y, como tal, se hace a partir de un mito conocido y construido históricamente. En los dos casos estudiados se hace a través de una construcción que los eleva por entre los demás (sus pares) pero que luego los describe como internamente perversos y portadores de un engaño final, en una similitud con la serpiente bíblica que hace caer a los incautos. Cuevas y Vallejo fueron presentados por el medio en el espacio público mediatizado de esa forma, siendo funcionales en la explicación de un conflicto y en la creación de un “mundo posible” que justifica en ellos la protección de un orden socioeconómico establecido.

El segundo es que ambos existen en el régimen de visibilidad contemporáneo de manera importante por construcciones de un otro preeminente en el espacio público mediatizado. Comprar Nike Air Max Baratas Y es ahí, en un régimen restringido, donde su capacidad de ser observados y ser escuchados es mediada, resignificada y construida por un medio que actúa como aparato político para que los ciudadanos se apropien de una “totalidad simbólica” (Berger y Luckmann, 1972) y que, en el caso de Chile, corre escoltada por una homogeneidad ideológica de quienes ostentan y protagonizan lo que el medio reconoce como mundo de la política. Este escenario es, finalmente, el territorio donde hoy lo hegemónico y lo subalterno se conjuga en un espacio público constreñido que tiene en sus bordes diques y contenciones de ciudadanía que reclama otros grados de reconocimiento, otras formas de explicitar su voz y otras formas de participar de lo político.

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Van Dijk, Teun. (1997) Racismo y análisis crítico de los medios. Barcelona: Paidós.

Verón, Eliseo. (2001). El cuerpo de las imágenes. Bogotá: Norma.

Verón, Eliseo. (2002). Construir el acontecimiento. Los medios de comunicación masiva y el accidente en la central nuclear de Three Mile Island. Barcelona: Editorial Gedisa.

Wolton, D. (1998). “La comunicación política: construcción de un modelo”. En Ferry, J. et.al. El nuevo espacio público. Barcelona, Editorial Gedisa.

 


[1]José Luis Riffo Muñoz: Maestro en Comunicación Política por la Universidad de Chile, Periodista y Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Católica de Valparaíso. Investiga temas de política y medios de comunicación, prácticas discursivas y campañas. Correo electrónico: jlriffo79@gmail.com

[2]Jorge Saavedra Utman: PhD © en Comunicación y medios del Goldsmiths College, Universidad de Londres, Reino Unido. Maestro en Comunicación Política por la Universidad de Chile, Periodista y Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Católica de Valparaíso. Investiga sobre las manifestaciones de lo subalterno en ámbitos de la cultura y lo político. Correo electrónico: j.saavedra@gold.ac.uk

[3] Los cuatro gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia, más conocida como Concertación, fueron aquellos liderados por los presidentes Patricio Aylwin Azócar (1990-1994), del Partido Demócrata Cristiano (PDC); Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994-2000), también del PDC; Ricardo Lagos Escobar (2000-2006), del Partido Por la Democracia (PPD); y Michelle Bachelet Jeria (2006-2010), del Partido Socialista.

[4]Comandado por Sebastián Piñera Echeñique, representante de la Coalición por el Cambio, alianza compuesta por los partidos de la derecha Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional, del cual Piñera es militante.

[5] Con marcar pauta nos referimos a que los contenidos y priorizaciones del medio son usados por otros medios para construir sus entregas informativas.

[6]Artículo publicado el 12 de junio de 2011.

[7] Extracto obtenido del artículo publicado el 26 de julio de 2007 bajo el título “Cristián Cuevas: quién es y qué liderazgo tiene entre los contratistas”.

[8]Esta variación entre Cuevas y Vallejo la entendemos porque entre 2007 y 2011, las fechas de ambas movilizaciones, el PC ha forjado relaciones con la “Concertación”, es decir, la correlación de partidos democristianos y socialdemócratas que gobernaron Chile entre 1990 y 2010, pudiendo desde 2010 tener representación parlamentaria y logrando mayor legitimidad en la institucionalidad chilena.

[9] Artículo publicado el 17 de agosto de 2011.

[10] Como en el artículo titulado: “El nuevo icono de merchandising: chapitas, poleras y pósteres con su rostro”, del 14 de agosto de 2011.

[11] Extracto de artículo publicado el 2 de septiembre de 2011, bajo el título “La disparidad económica y estudiantil moviliza a Chile”.

[12]Artículo aparecido el 18 de julio de 2007.

[13]Artículo aparecido el 31 de mayo de 2011 bajo el título “Universitarios reiteran paro para mañana tras reunión con Lavín”.